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EL HOMBRE EN EL CENTRO DEL UNIVERSO
El hombre logró la conquista del mundo material a costa de la pérdida de su libertad. Dejó de ser libre y concreto para convertirse en algo abstracto. En esa caída del ser, el hombre ganó el mundo, pero se perdió a sí mismo. La decadencia actual no solo está constituída por una crisis económica, como algunos creen, sinó además por una total reversión de la escala de valores. El ser humano es incapaz de sobrevivir en un mundo que ya no tiene los supremos valores espirituales que tuvieron siempre las comunidades del pasado. Iluminados y defensores del progreso son los causantes de este caos. Veo con profundo desagrado que los que detentan el poder, al igual que sus adversarios, concuerdan en centralizar toda su atención en lo económico. Creen que solucionando este problema y eliminando -o disminuyendo- la pobresa van a construír el paraíso soñado por todos. En realidad no hacen más que sumergirnos en una sociedad de consumo que nos llena de angustia por las consecuencias que acarrea la necesidad de consumir continuamente. En este esquema de vida, algunos sólo pueden intentar sobrevivir, otros se desviven por acumular riquezas y poder y no son muchos los que encuentran sentido a la vida. La solución no radica en poder acceder a bienes materiales, sino en restaurar, o al menos evitar que se pierdan, los valores interiores, espirituales del hombre. Muchas personas invierten su vida buscando algo que ignoran y por supuesto nunca encuentran. En la carrera por vivir una vida confortable es más lo que se pierde, ya que lo que se gana es insignificante.
Debemos volver a situar al hombre en el centro del universo

LEY NATURAL
En 1992 la Sociedad Cousteau, (fundada y dirigida en ese momento por el hoy desaparecido científico francés Jaques Cousteau) con la asesoría de autoridades en ética, ciencias y leyes, inició una petición global para establecer una Carta de Derechos para las Generaciones del Futuro, solicitando que sea adoptada por las Naciones Unidas y se incorporen a todas las Constituciones políticas del mundo:
Artículo 1°- Las generaciones futuras tienen derecho a un ecosistema no contaminado y a una Tierra no dañada, para disfrutarlos como base de la historia humana, de la cultura y los lazos sociales que hacen de cada generación e individuo un miembro de la familia humana.
Artículo 2°- Cada generación, compartiendo las tierras y herencias del planeta, tiene el deber como depositaria de las generaciones futuras de evitar daños irreversibles e irreparables a la vida en la Tierra y a la libertad y dignidad humanas.
Artículo 3°- Es por ello que la mayor responsabilidad de cada generación será mantener una evaluación en constante vigilia y prudente de las perturbaciones y modificaciones tecnológicas que afecten adversamente la vida en la Tierra, el equilibrio de la naturaleza y la evolución de la humanidad para proteger los derechos de las generaciones futuras.
Artículo 4°- Deben tomarse todas las medidas apropiadas, incluyendo educación, investigación y legislación, para garantizar estos derechos y asegurar que no se sacrifiquen por las conveniencias del presente.

UN MUNDO INHUMANO
Ya entramos al siglo XXI con un acelerado avance tecnológico, la informática logró que el hombre diera un salto enorme en muchas disciplinas, especialmente en las comunicaciones, donde obtenemos información casi instantáneamente. Con Internet se acortaron las distancias. A pesar de todo esto, aunque seguramente no es debido a esto, estamos padeciendo una deshumanización de la sociedad. Especialmente la notamos, entre otras cosas, en la legislación laboral de este capitalismo, que algunos llaman “salvaje” y que se apoderó del mundo a merced de la desintegración del comunismo. Muchas personas empiezan a perder la estabilidad emocional por temor a integrar las ya largas filas de los desocupados o por sufrir una rebaja en su salario. Y muchas otras trabajan bajo un contrato de tres a seis meses de vigencia, que el empleador tiene el derecho a renovar o no. Es imposible que un trabajador pueda rendir eficientemente en su empleo si toma conciencia del peligro que le espera en un futuro no muy lejano. Si los profesionales de la salud mental como psicólogos y psiquiatras no están abarrotados de trabajo es porque la gente no cuenta con el dinero para pagar sus honorarios. Es notable la carga de agresividad que tienen las personas, un ejemplo de ello lo notamos en el endemoniado tránsito vehicular. Por todo esto debemos solicitarle a nuestros representantes en el Congreso Nacional que se opongan a la flexibilización laboral, que no es otra cosa que la deshumanización del trabajo.

“UNO NO SE LIBERA NEGANDO SU DESTINO, SU EXISTENCIA, SINO CAMBIANDO EL MUNDO QUE SE LO IMPUSO”. (JEAN PAUL SARTRE)